¡NO TODOS LOS AUTOS NECESITAN PREMIUM! Ver Más

La suba internacional del petróleo volvió a impactar en los surtidores argentinos y hoy completar el tanque de un auto mediano puede superar los $100.000. En ese escenario, volvió una pregunta frecuente entre los conductores: en qué casos hace falta cargar nafta premium y cuándo alcanza con la súper.

En el mercado local conviven cuatro combustibles principales: nafta y diésel, cada uno con una versión estándar y otra de calidad superior. En el caso de los nafteros, la diferencia pasa por la Súper de 95 octanos y la Premium de 98 octanos. Para las pick-up modernas con motores turbo diésel, en cambio, casi no hay margen para elegir, porque por su exigencia técnica suelen necesitar diésel premium.

Para los autos nafteros más comunes de marcas generalistas, como Fiat Cronos, Peugeot 208, Chevrolet Onix, Renault Kwid, Toyota Yaris o VW Polo, es posible usar nafta súper sin comprometer la mecánica, siempre que el motor esté preparado para ese octanaje.

En vehículos con tanques de entre 48 y 50 litros, una carga completa en la Ciudad de Buenos Aires ronda los $88.000 con súper, mientras que con premium sube hasta cerca de $98.000. En la provincia de Buenos Aires, donde el combustible suele costar más, ese mismo llenado puede acercarse a $90.000 con súper y en muchos casos superar los $100.000 con premium.

La diferencia actual entre ambos combustibles está cerca del 10%. Esa brecha es menor a la de años anteriores: antes, con el valor de cuatro tanques de premium se podía cubrir casi cinco de súper. Ahora la relación se acercó y hacen falta 9 tanques de premium para equiparar el valor de 10 tanques de súper.

El consultor automotriz Luis Toso explicó que, si la calidad del combustible respetara siempre la especificación original, en la mayoría de los autos convencionales se podría usar súper “sin ningún problema”, sin afectar ni el funcionamiento ni la durabilidad del motor. También señaló que la ventaja de la premium está más asociada al aditivado para limpieza y mantenimiento del sistema de alimentación que a una necesidad real en todos los motores.

La recomendación principal sigue siendo respetar lo que indica el fabricante en el manual del vehículo. Según Toso, el 95% de los autos nafteros que se venden hoy en el país pide un octanaje mínimo de 94 o 95, por lo que una súper de buena calidad alcanza para un uso normal y seguro.

El especialista advirtió, de todos modos, que la diferencia muchas veces no está solo en el combustible sino también en la calidad de almacenamiento de cada estación de servicio. Por eso aconsejó cargar en lugares confiables, con tanques en buen estado o instalaciones nuevas. Incluso planteó que, durante un viaje, si no hay certeza sobre la calidad de una estación, puede ser preferible optar por premium.

Como alternativa para quienes buscan ahorrar sin descuidar el auto, mencionó que se puede cargar súper de manera habitual y alternar cada dos o tres tanques con uno de premium. También desaconsejó agregar aditivos por cuenta propia para imitar las propiedades de un combustible superior, porque podrían arrastrar suciedad acumulada hacia el sistema de inyección y generar problemas.

Otro consejo apuntó al uso cotidiano del vehículo: evitar circular con el tanque demasiado vacío. Mantener al menos la mitad de la capacidad ayuda a reducir el riesgo de que la bomba succione residuos del fondo. Con los precios actuales, la diferencia entre súper y premium existe, pero en la mayoría de los autos convencionales la elección depende más de la recomendación del fabricante y de la estación donde se carga que de una obligación técnica.